La diferencia entre Nahuel y el resto, es que el juega con el cuchillo entre los dientes. Así es el concepto que maneja Adolfo Ferraresi, sobre su hijo, Nahuel. Recio defensor central que hoy en día hace vida en una de las ligas que exporta a los mejores defensores centrales por el mundo, la uruguaya, luciendo los colores del recién ascendido Club Atlético Torque. Donde se posicionó como titular indicutible luego de su llegada del Deportivo Táchira y una gran presentación en Corea.

De 19 años, nacido en San Cristóbal y formado deportivamente en Argentina (Vélez Sarsfiel, Ferrocarril Oeste y Nueva Chicago). Subcampeón mundial sub-20 con Venezuela y uno de los zagueros criollos con más proyección de cara al futuro. De padre argentino, pero con el vinotinto impregnado en cada barrida por la redonda.

Imponente en las alturas, no le teme al cruce y si toca salir con el balón pegado al pie, sale. Nahuel es un defensor atípico para el fútbol venezolano (en el buen sentido), capaz de evitar un gol y gestar otro, esto debido a que en sus inicios jugó de delantero, y no, el fútbol no olvida. De vez en cuando regala destellos ofensivos con una galopada, un regate, etc: polifacético. Palabra que define a la perfección la labor que Nahuel ejercer en el campo de juego. Un general de la última línea que a pesar de su corta no para de recibir elogios por su excelente calidad profesional.

Ficha del Grupo City y con un futuro promisorio asegurado, Nahuel se enfoca en brillar en el balompié ”charrúa” semana tras semana mientras se gesta su salto a la élite del fútbol mundial, esa que lo vio ”guapear” en Corea luciendo los colores del combinado patrio. Sin duda alguna, un guerrero de nuestro fútbol.

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