El reto del Preolímpico ha quedado atrás y en el inconsciente colectivo han quedado sensaciones encontradas respecto al accionar de un equipo nacional Sub 23 que pudo ganarle a muchos factores, pero no a todos.

Si bien el objetivo de clasificar estaba bastante cuesta arriba (solo dos selecciones estarían en Tokio), el torneo en sí generaba una dureza particular. Pese a todo, la Venezuela de Amleto Bonaccorso nos dejó algunas imágenes imborrables.

El compromiso de Yeferson Soteldo para ser una de las últimas incorporaciones luego de la lesión de Brayan Palmezano, dio oportunidad a modificar la lista y originó “in extremis” el permiso del FC Santos ante la firme postura del volante “10” nacido en Acarigua. Inolvidable demostración de sentimiento vinotinto y sentido de pertenencia con la camiseta nacional por parte de Soteldo, para un torneo enmarcado fuera del calendario FIFA.

En esa posibilidad hasta el final, por la llegada de Soteldo al Preolímpico, estuvo involucrada la perseverancia y carácter, sello propio del entrenador Bonaccorso, quien vía telefónica siempre mantuvo comunicación con el jugador sobre el avance de las gestiones entre la FVF y el Santos hasta la feliz obtención del permiso. “Estaba seguro que su presencia sería importante, como el efecto lo fue. Es increíble lo que Yeferson le aportó al grupo en la cancha y fuera”, nos cuenta Amleto Bonaccorso, de visita en Caracas quien tiene previsto reunirse en los próximos días con la Comisión de Selecciones Nacionales encabezada por Charles López.

Situación muy diferente aconteció con Joel Graterol, el arquero carabobeño que en diciembre firmaba contrato con el América de Cali, club que al final le impidió asistir al torneo, perdiendo al arquero que más días de trabajo pudo completar con el grupo.

Una selección saboteada y hasta torpedeada desde diferentes ángulos, principalmente por el ex Seleccionador Nacional, Rafael Dudamel quien no solo había rechazado dirigirla, sino que también “vendió” un mensaje equivocado a varios elementos que simplemente no respondieron al llamado o “dejaron en azul” la invitación a ser parte del equipo Sub 23 que enfrentaría el gran desafío durante el mes de Enero en Colombia.

Pero para otros jugadores venezolanos, el preolímpico significó el reencontrarse con la camiseta nacional y con la alta competencia. Jugadores integrantes de la generación subcampeona del Mundo en Corea en 2017, en sus esfuerzos por asentarse como profesionales en el exterior, se les fue haciendo difícil el lograr presentaciones regulares con sus diferentes clubes. Y entonces, la Selección Sub 23 representó un motivo, una oportunidad.

No ganarle a Chile comenzó a generar dudas. La victoria ante Ecuador que despertó una ilusión para el siguiente partido ante el anfitrión. Brillante partido ante la Selección de Colombia, cuyo planteamiento y manera de desnudar errores de los “cafeteros” fue elogiado por la prensa de ese país y hasta por otros entrenadores nacionales asistentes al evento. Nuevamente resultado insuficiente y todo quedaba ante la fortísima Argentina para la última fecha.

Bonnacorso, el constructor de la base el equipo nacional que en 2009, traspasado a manos de César Farías, llevó a Venezuela a su primer Mundial de la FIFA en la categoría Sub20, se permitió una de esas revanchas que da el fútbol y pudo trabajar junto a quienes están llamados a ser protagonistas en el nuevo el camino mundialista de la Selección Absoluta.

Carlos A. Tarache
@carlostaracher
Lechería

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